martes, 30 de junio de 2015

Las pausas en el trabajo, ¿por qué te ayudan a mejorar tu productividad?

Trabajar en la empresa no significa ponernos delante de la pantalla del ordenador y estar ocho horas sin levantar la cabeza. Las pausas controladas en el trabajo nos ayudan a mejorar la productividad. Lo interesante es tener el control sobre dichas pausas, hacerlas cuando a nosotros nos interesa y no confundirlas con las interrupciones del trabajo.
Porque una pausa la efectuamos cuando a nosotros nos interesa, por lo general, en la finalización de una tarea concretar. De esta forma la pausa nos ayuda en dos sentidos. Por un lado evitamos la fatiga visual, de estar constantemente mirando la pantalla. Es importante que esta pausa sirva para relajar al vista y dejar de mirar nuestro monitor. Si queremos relajar la vista no es la mejor opción utilizar la pausa para consultar nuestro smartphone.
En este sentido si trabajamos delante de un ordenador es importante parar cinco minutos por hora trabajada. Si además aprovechamos esta pausa para levantarnos y estirar un poco piernas, realizar algún ejercicio de cuello, etc. evitamos el cansancio que poco a poco se va acumulando a lo largo de la jornada laboral.

Pero sobre todo las pausas nos ayudan a mejorar la concentración. Poder fijar nuestra atención en una tarea es fundamental para ser productivos. Una vez que hemos entrado en esta fase de concentración absoluta es importante no interrumpir el trabajo hasta que esté finalizado. Después ya podemos volver a pensar en otras cosas u otras tareas pendientes.
Pero nuestra capacidad de alcanzar esta concentración en la tarea es limitada. No es un botón que se enciende y se apaga, sino que cada vez que perdemos la concentración y tenemos que recuperar el hilo de la tarea nos cuesta un poco más. Es en este caso donde las pausas planificadas y los descansos nos ayudan a mantenernos frescos. El resultado es una mayor número de tareas finalizadas a lo largo de la mañana. No perdemos el tiempo con las pausas.
Las pausas tienen que ser breves, y sobre todo no caer en la trampa de alguno de los ladrones de tiempo que nos acechan. Después de varias pausas breves es recomendable hacer una que sea un poco más duradera. Como mínimo debemos hacer una de este tipo a lo largo de la mañana y otra en la tarde si lo necesitamos, ya que por lo general, el horario vespertino suele tener menos horas después de la comida.