miércoles, 31 de mayo de 2017

7 sanguinarios asesinos que matan (a navajazo limpio) la productividad de los marketeros

La productividad es el codiciado objeto de deseo de quienes se desenvuelven profesionalmente en la arena del marketing. Aun así, y pese a que los marketeros se dejan la piel intentando sacar el máximo jugo a la productividad que corre por sus venas, sus propósitos (productivos) caen lamentablemente muchas veces en saco roto.

Obligados por la naturaleza de su trabajo a tener mil ojos en mil cosas a la vez, los marketeros ven mermados considerablemente sus niveles de productividad para caer en las garras de las distracciones.
Si la productividad de los marketeros se desangra tan a menudo, es en gran parte por culpa de los crueles “asesinos” que disecciona a continuación Content Marketing Institute:
1. La falta de estrategias
Huérfano de estrategias, los marketeros no saben muy bien qué camino deben tomar y, presas de la incertidumbre, su productividad inevitablemente se resiente. Para evitar caer en las garras de la incertidumbre, los marketeros deben documentar adecuadamente sus estrategias y tener muy clara cuál es la definición del concepto éxito (aplicado al proyecto específico que tienen en ese momento entre manos).
2. Pasar de una tarea a otra (sin ningún tipo de interrupción)
El multitasking (omnipresente desgraciadamente en la nueva era digital) anda inevitablemente a la gresca con la productividad. Y es que pasar de una tarea a otra (sin aplicar ningún tipo de transición entre una y otra tarea) deja hecha trizas la productividad (por mucho que algunos estén convencidos de lo contrario). Cuando ponga punto y final a una tarea, procure dar un respiro a su cerebro antes de pasar a la siguiente tarea. Es sumamente importante en términos productivos que los marketeros se autoimpongan cierta disciplina a la hora de descansar entre tarea y tarea.
3. Ceder a las distracciones
Amilanados por las complicadísimas tareas que tienen por delante, los marketeros tienden a menudo a hacerse los remolones (y perder el tiempo) zambulléndose en la infinita fuente de distracciones que constituye la red de redes. Para evitar caer en la tentación de las distracciones infinitas que les aguardan en internet, los marketeros deben tratar de concentrarse en una única tarea y hacer suyas técnicas como “Pomodoro”, consistente en trabajar durante 25 minutos seguidos en una tarea, tomarse 5 minutos de descanso y reanudar a continuación el proceso de 25 minutos de trabajo y 5 minutos de relax.
4. Ser accesible (las 24 horas del día y los 7 días de la semana)
Los marketeros que están disponibles para sus jefes y colegas de trabajo durante las 24 horas del día y los 7 días de semana lo tienen mucho más complicado para tener bajo control su jornada laboral (que se alarga habitualmente hasta el infinito y más allá). No estar accesible permanentemente es un derecho y se trata de un derecho que la gente habitualmente respeta (más de lo que pudiera parecer a simple vista).
5. Fingir estar ocupado
Todos los marketeros han incurrido algún vez este pecado: el de enviar emails a altas horas de la madrugada (o a primerísima hora de la mañana) para hacer saber al mundo lo ocupadísimos que están. En lugar de ser esclavos (día y noche) de su correo electrónico, los marketeros deben poner ciertos límites a su disponibilidad y no apresurarse a responder a todos y cada uno de los emails que aterrizan en su bandeja de entrada, a menos, claro está, que estos sean de vital importancia.
6. Compartir en exceso
Los marketeros son muy aficionados a protagonizar interminables cadenas de emails con sus colegas de trabajo cada vez que tienen una idea (supuestamente) genial entre manos. ¿El problema? Que tales cadenas de emails son muchas veces terriblemente improductivas. A fin de parar los pies a esta insidiosa práctica, los marketeros harían bien en resistir la urgencia de compartir ideas con sus colegas a menos que tales ideas sean realmente importantes (y dignas realmente de ser compartidas).
7. No priorizar proyectos
Los marketeros son muy dados a dejarse llevar por el aura irresistiblemente mágica del brainstorming y a dejar de lado los proyectos realmente importantes. Alumbrar ideas es importante, pero aún más importante es priorizar los proyectos que los marketeros tienen entre ceja y ceja.