viernes, 8 de enero de 2016

El papel de los malos de la oficina

Algunos profesionales se ven obligados a asumir el papel de insensibles, narcisistas o malos, que no siempre agrada pero que es necesario para las empresas.

La mayoría queremos que, en el trabajo, nos consideren buenas personas, de estas que desprenden calor y alegría. Aunque, no todo el mundo va a buscar gustar. Algunas personas prosperan, o al menos les va bien, desempeñando el papel de malo en el trabajo.

Estos profesionales hacen en su puesto de trabajo lo que no quiere hacer nadie. Es decir, transmitircomentarios negativos, cancelar proyectos populares o despedir a sus compañeros. Para avanzar desempeñando el papel de malo, es necesario buscar la forma de resistir de una manera psicológica y aguantar bien el odio del resto.
Se puede destacar dos perfiles diferenciados:

Los despedidores

Algunos trabajadores no tienen inconveniente en desarrollar este papel, pero ser el malo es duro para cualquier persona con algún grado de empatía. Ya se sabe quien desarrollan el papel de malo acaban quedándose solos. Pueden darse casos que compañeros indignados de trabajo lancen caja de pañuelos de papel, mientras otros les pueden llamar ‘Terminator’…, se puede sobrellevar estas situaciones de estrés a través de ejercicio físico y recaudar fondos para familias con pocos recursos.
A veces, estas personas, consideradas las malas del trabajo, tienen que aplicar políticas con las que ellas mismas no están de acuerdo, entre ellas se pueden dar la prohibición a las madres de tomarse días de baja para quedarse en casa cuando sus hijos están enfermos. Para revocar estas injusticias se puede tratar de trabajar para convencer a los superiores de la necesidad de cambiar las normas injustas. Las cualidades que favorecen el éxito difieren, con frecuencia, de las necesarias para gustar a los demás en el trabajo.

Los insensibles encantados

Muchos responsables son personas dominantes, que aprenden a no dar importancia la hostilidad de los demás. Existen directivos que les causa dolor los recortes que puede realizar a sus trabajadores, y piensan que si quieres gustarle a alguien cuando estás en dichas posiciones es mejor tener una mascota.
Algunos de estos directivos asumen su papel de malo en la empresa. Cualquier persona se pone un poco nerviosa cuando tienen que dar malas noticias a un directivo de la empresa, a un socio fundador o a un consejero delegado. Los trabajadores se pueden volver locos, dejar de hablar con los directivos, salir de la oficina como una exhalación. No es nada agradable con este tipo de situaciones. Muchos de estos directivos siempre se aseguran de dejar claras sus razones y enumera el mensaje, argumentando bien las causas de porque se realiza. No es cuestión, en este caso, de gustar o de que te quieran con locura. La verdad en estos casos la gente agradece que uno sea honestos con ellos. Siempre que seas una persona íntegra y abierta, puede que no le guste al resto, pueden que no estén de acuerdo con lo que haces, pero no van te van a cuestionar en ningún caso la integridad de tus acciones.
Normalmente, los directivos contratan asesores externos cuando no quieren enfrentarse con sus trabajadores y necesitan despedir a alguien de su plantilla o reprenderlos por sus malas actuaciones o resultados en la empresa.
Hasta en las fiestas de la empresa, es necesario un malo, el típico aguafiestas. Son necesarios para controlar el consumo de alcohol y garantizar que la fiesta de empresa para que la gente no llegue a desmadrarse demasiado.

De personas buenas a personas siniestras

Existe la necesidad de que los trabajadores adquieran nuevas aptitudes a la hora que la empresa está pasando del medio impreso a nuevos canales de comunicación digitales. Por tanto, se debe generar un cambio de concepto cultural. En este proceso se necesita una persona que ayude a recortar costes y actualizar sus estrategias, está habituado a presionar a la gente para que no se relajen. Esta persona debe ser respetuosa con los demás y, a la vez, amable con sus trabajadores, para evitar socializar en el trabajo. Cuando te das cuenta que si haces amistades en la oficina te puedes dar en la situación que de repente, tienes que despedir a un amigo, y te ves tentado de alterar tu decisión por la amistad que tienes con esa persona.