martes, 4 de diciembre de 2018

7 factores que dañan la relación contigo mismo

Cuesta creer que existan factores que dañen la relación contigo mismo y que seas tú quien se encargue de alimentarlos. Al fin y al cabo, se supone que cada persona busca lo mejor para ella. Pero el ser humano es paradójico y muchas veces incomprensible, por eso en ocasiones actúa de formas que van en contra de su bienestar.
En nuestra vida adulta, la relación más importante es la que tenemos con nosotros. Se supone que hemos alcanzado los suficientes conocimientos y experiencia como para actuar con libre albedrío. Una libertad que en ocasiones usamos, de manera consciente o inconsciente, tomando medidas que dañan la relación contigo mismo.

Nadie cultiva un conflicto interno deliberadamente. Seguramente tú, como la mayoría de las personas, buscas estar bien. Y si estás bien, quieres estar mejor. El problema es que existen mecanismos preconscientes o inconscientes que te lo impiden. De ahí que sea importante reconocer esos factores que dañan la relación contigo mismo. Estos son algunos de ellos.
A menudo las personas dicen que aún no se han encontrado a sí mismas. Pero el sí mismo no es algo que uno encuentra, sino algo que uno crea”.
-Thomas Szasz-

1. Dependencia psicológica

La dependencia psicológica es uno de esos factores que dañan la relación contigo mismo. Nace de un sentimiento de minusvalía, consciente o inconsciente. La persona se ve como alguien que necesita un apoyo y protección, sin darse cuenta de que esa necesidad es ficticia y que lo único que hace es restringir, y mucho, su independencia.
En ocasiones, este tipo de sentimientos son el fruto de una crianza restrictiva. La persona nunca se ha visto expuesta a situaciones que pusieran realmente a prueba su capacidad: su entorno la ha sobreprotegido.

2. No vivir en el presente, uno de los factores que daña la relación contigo mismo

No vivir el presente es una suerte de alienación. El hoy es el tiempo en el que se condensa el pasado y el futuro. Todo lo que no es presenteexiste solamente en nuestra mente, bien sea en forma de recuerdos o bien en forma de vaticinios.
El no poder ubicarte en el aquí y el ahora lesiona la relación que tienes contigo mismo: es una costumbre que llama a la inacción. Como el pasado y el futuro solo habitan en la mente, lo usual es que se abandone la acción y la atención quede secuestrada en la propia dinámica mental.

3. Excesivo sentido del deber

En realidad, todos le ponemos la etiqueta de obligación a muchas más tareas de las que en el fondo tienen esta naturaleza. En muchos casos, ese “tengo que” solo existe en nuestro mundo imaginario. Solo es una opción que hemos elegido nosotros, y que en el fondo no representa ninguna obligación.
Esto daña la relación contigo mismo porque, al aumentar el nivel de exigencia, los refuerzos se volverán más difíciles de conseguir. Será más complicado que sintamos, por ejemplo, que hemos hecho un buen trabajo si sentimos que teníamos la obligación de haberlo encuadernado de una manera determinada, y no ha podido ser.

4. Autoculpabilización

Tiene que ver con asumir responsabilidades que no te corresponden o construir modelos de conducta en los que te exijas más de lo que puedes dar. Obviamente es uno de los factores que dañan la relación contigo mismo, porque terminas siendo un juez implacable de tus actos, e incluso de tus pensamientos y deseos.
Hay muchas cosas en la vida que no podemos llegar a ser, o lograr. Esto no nos hace malos, sino simplemente humanos. No hay necesidad de culparnos por nada. Si cometemos un error, lo reparamos. Luego pasamos la página.

5. Creer en la suerte

La creencia en la suerte, sobrestimar su influencia, también nos vuelve más pasivos. Al mismo tiempo, también nos suele volver más supersticiosos, empleando nuestros recursos en tomar medidas que realmente no están asociadas con el flujo de los acontecimientos.
Que el azar juegue un papel importante no quiere decir que vamos por la vida cumpliendo un destino escrito. Que no podamos elegir las cartas, no significa que estas de terminen el curso de la partida.

6. Tener prejuicios

Los prejuicios son ideas fijas que nos permiten trabajar con realidades sencillas -con pocos matices- que reducen nuestro gasto cognitivo a costa de aumentar el riesgo de equivocarnos. Son generalizaciones, a menudo asumidas sin crítica, ya sea porque vienen de personas de confianza, de poderosas fuentes de influencia o de momentos en los que no contábamos con muchos recursos para analizarlas.
Esas ideas preconcebidas afectan la relación que tienes contigo mismo porque reducen tu perspectiva y te impiden avanzar. También alimentan miedos que son totalmente imaginarios y empobrecen nuestro círculo social.

7. Obsesión por lo justo

La justicia es un bien que todos deseamos. El problema es que se trata de una instancia o dimensión en la que no siempre hay respuestas fáciles. Lo que para alguien es justo, puede que para otros no lo sea. Eso por no hablar de las veces que utilizamos “justo” y “bueno” como sinónimos, cuando no siempre lo son.
Cuando el interés por la justicia se convierte en una obsesión es posible que pasemos a ser jueces de asuntos sobre los que no tenemos competencia. Por otro lado, en un pleito no siempre es posible, cuando los intereses aparecen enfrentados, dar el veredicto más justo para todas las partes.
Todos estos factores dañan la relación contigo mismo y se convierten en obstáculos para alcanzar el bienestar. Lo bueno es que no es tan difícil darle la vuelta a la situación y adoptar perspectivas más constructivas.